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miércoles, 30 de mayo de 2012

vivir es morir



El enfermo traidor es aquel que te roba, ama, engaña. Cuando sales él te ve, cuando lloras él se ríe, cuando ríes él te daña. Negros ojos acusadores encuentras cuando buscas un aliento, grandes manos te empujan cuando llevas tu pesada carga. Es él, el traidor, el que te grita al oido, quien con un suspiro te llena las entrañas de veneno, es quien te retiene, quien te hace perder, quien pese a todo nunca te deja de perseguir en la soledad.

En medio de una guerra incesante ha de terminar el corazón de un niño. Salvaje es la suerte que permite que deseemos tocar el fuego, pero vencer o morir es solo un sueño. No existen grandes rocas que no se puedan mover aunque cueste toda una vida, y, sin embargo, no hay piedra por pequeña que sea que esté en su lugar. La traición consume por dentro la voluntad de las personas, la muerte es el viento que sopla nuestras alas de libertad.

Traición, traición es la palabra que utiliza para la permisibilidad, traición es la que te roba la esperanza y te hace desear muerte cuando todo cuanto rodea es vida. Es un traidor, es el traidor el que vive dentro de tí y no te deja vivir, quien te traiciona día a día quitándote todo cuanto amas, quien te despierta de un sueño con una bofetada de realidad. Eres tú, eres tú quien te traiciona.

Si conoces a alguien capaz de dejarlo todo estarás conociendo un reflejo de una llama que una vez ardió en tí, mirarás a la muerte a los ojos y te volverás sumiso, verás a tu auténtica voluntad decapitada por la mano de su guadaña, y la imagen que tendrás de tí será el cráneo de dicha voluntad infestado de gusanos. 

Vive, muere, importa poco porque no hay diferencia entre contar hacia adelante o hacia atrás, pero si eliges vivir siempre habrá un mañana que mantenga prisionero a tu corazón, y si eliges morir será tu llama la que veas reflejada en los ojos de los corderos degollados. Vive, pero la muerte es un ángel, y el miedo pertenece a los vivos, los vivos que están muertos. Muere, porque solo los que saben que ya están muertos están realmente vivos.

Estas son las muertes pálidas a las que los hombres llaman equivocadamente sus vidas.

jueves, 25 de agosto de 2011

Imagino

Puedo imaginármela asomada al balcón, contemplando las estrellas, con los ojos inundados de tristeza, suspirando melancólicamente a través de la distancia.

Puedo imaginar cómo después de dejar escapar una deslumbrante sonrisa ésta se resume tímidamente, mordiéndose el labio inferior, su sonrisa tímida, la más sincera.

Imagino sus brazos protegiéndose del frío de la noche, con una rebeca que marca sutilmente su hermosa silueta, con las piernas cruzadas, con la manera en que su delicado tobillo apoya los dedos sobre el suelo.

Imagino la sensación de ser el cigarro por el cual respira, la boquilla que acaricia entre sus dedos, que atrapa el sabor de su boca.

Imagino ser su pensamiento, flotando entre la bruma del mar, esperando la luz del amanecer para levantarse a su lado dondequiera que esté.

Puedo imaginar el ocaso del sol en sus ojos.

Me imagino su espalda. Me imagino a su espalda, rodeándola con mis brazos, el aroma que desprende su piel, puedo imaginármelo como si estuviera sintiéndolo desde su cuello.

Quiero... quiero dejar de imaginar.

Gilipolleces

Como cada mañana Marcel se despertaba temprano para coger el número 12 con dirección a Porte de la Chapelle para trabajar como camarero en uno de los numerosos cafés del centro. Las miradas indiferentes, vacías, pensaba a menudo en los reflejos de triste soledad de los pasajeros, a veces jugaba a "inventarles" personalidades, como aquel joven sin afeitar con un traje barato, que miraba constantemente la hora: veía a un comercial de segunda con grandes aires de superioridad por el hecho de llevar un traje, veía una fachada de una persona decepcionada consigo misma, alguien, para su desgracia, que daba importancia a un estatus, que soñaba con ser como aquello que disimuladamente pretendía aparentar. La mujer morena de al lado: una chica bastante guapa, morena, con una blusa generosamente abierta y unas gafas que enfocaban hacia un libro de Dostoievski: Más sencillo aún, solo era una chiquilla ilusa que jugaba a ser mayor, que se valía de su cuerpo para obtener la aceptación de la gente y que para negarse a sí misma tal logro intentaba ocultarlo bajo una fachada de interés emocional, con la necesidad de justificar el éxito que pudiera tener en la vida mediante una sensibilidad alternativa, inteligente, bohemia. Pero era una chica frágil y a la vez fuerte, lo que ella quería pero no como lo quería, era fuerte pues obtenía siempre lo que se proponía, acostumbrada a manejar a los hombres, a utilizarlos para preservar su autoestima, pero frágil, con la tristeza propia de quien busca el amor de los demás porque es incapaz de amarse a sí misma.

Cada mañana Marcel comprobaba en las falsedades inventadas la importancia de ser uno mismo, que realmente no importaba lo más mínimo, ni importaba a nadie. Se veía solo en un baile de lujosas máscaras enfundadas en cabezas de cerdo, en el que unos a otros se rascaban las espaldas con agasajos de la grandeza mediocre que conduce la senda de la sociedad. Sus amigos le acusaban de ser una persona distante, de ser apático, decían que utilizaba la sonrisa para ocultar la tristeza, le llamaban falso, pero al contrario de ellos Marcel no llevaba ese disfraz de enamorados de sí mismos por odiados por sí mismos, sino que, como en las funciones de teatro, alguien debía ser el espectador de aquella obra de monos. Un espectador que no participa en la obra, una vida que no interesa al resto del público, y que, al término de cada acto, simplemente por cortesía, aplaudía las gilipolleces de las que otros se sentían orgullosos.

viernes, 12 de agosto de 2011

Quiero soñar



Quiero empezar mis palabras abriendo un nuevo camino,
quiero gritar palabras prohibidas allí donde no hay oídos
y donde solo escuchan los corazones,
deseo cada uno de todos esos despertares
en los que sigues soñando,
y pensar que las manos del mundo no me alcanzan.
Mirar hacia adelante,
vivir, sentir la vida,
desde cada uno de mis pensamientos donde el silencio es eterno.
Quiero que todos esos sueños en los que estoy lejos de todo
sean una realidad,
tan lejos que las palabras,
las miradas acusadoras no puedan dañarme,
donde mi corazón pueda sentir la paz
y donde mis gestos y mi actos
sean solamente esclavos de mi propia voluntad,
más allá del océano donde miro,
más allá de la luna y de las estrellas,
más allá, donde la realidad siga siendo mi sueño
y donde en cada despertar siga sonriendo,
mirando el mundo desde arriba,
bien alto, donde nada malo dependa de nadie.

lunes, 5 de abril de 2010

Dime si puedes sentir

Asómate a la ventana
y dime si puedes sentir
la brisa sobre tu cara,
creerla acariciándote,
casi incluso riéndose,
trazándote en un boceto,
convirtiéndose en aliento,
susurrándote palabras.

Mira nacer la mañana
y dime si puedes sentir
tus mejillas sonrojadas
por ese sol que te observa,
te protege y te calienta
si no contemplas la vida
con una mirada perdida,
con el corazón en calma.

Descansa sobre mi pecho
y dime si puedes sentir
lo que oírte decir quiero.
Solo di que lo consigo,
dime que sientes conmigo
la brisa sobre tu cara,
tus mejillas sonrojadas
que sientes lo que yo siento.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Damián y la Muerte.

Damián permanecía esperando una revelación de los astros, una noche impura. La bruma trajo consigo a un Ángel con guadaña, se acercó al niño de 9 años y posó la mano sobre su hombro. Las estrellas cayeron y al tocar la tierra se convirtieron en luciérnagas que volaban entre la ligera niebla con sus verdes colores. El niño se levantó, y sin darse cuenta se apartó de la Muerte para jugar entre los árboles con las pequeñas luces traviesas, pero cuando tocó una todas murieron. La noche se volvió fría y una ligera lluvia comenzó a ser espesa, Damián corrió de vuelta a casa.

Quince años después allí estaba, al borde de un abismo sin poder sentir en su rostro la cálida brisa que traía consigo el anochecer. Las olas del mar no sonaban en sus oidos como armoniosos versos que son del poema de la vida, sin haber podido sentir, sin haber sido amado, sin haber existido nunca para nadie. Ni siquiera la tristeza era tristeza, la vida no era vida. Se levantó y se asomó al acantilado, el viento que no corría para él ondeaba toda su ropa como una bandera, alborotándole el cabello. Un viejo amigo estaba frente a él, y le preguntó por qué se lo había arrebatado todo, por qué no se limitó tan solo a llevárselo, la respuesta retumbó en su cabeza: "para sentir lo bello que es hacerte sufrir". Damián dio un paso adelante para abrazar a la Muerte cuya mano rechazó antaño y siendo perdonado pudo sonreir una última vez.

martes, 2 de marzo de 2010

La sonrisa del alma

El verano siempre es bueno : sol, calorcito, piscina y muchas fiestas en la playa, qué pena que nos encontremos en otoño, bien próximo ya al invierno. O infierno, es una pena que ahora tengan que aguantar el caminar por las calles desiertas donde, de vez en cuando, se lanza hacia la "aventura" un coche, un conductor mecanizado por la vida, triste gris pensamiento: porque tiene que hacerlo, para llegar a su destino.

Pueden considerar algunos que hay que estar desquiciado para caminar bajo la lluvia, siempre tan deprimente. Bueno, supongo que entonces soy un amargado de esta vida, porque me gusta, y es lo que estaba haciendo aquel día, caminar bajo la lluvia ligera hacia una pequeña plaza a la que solía ir con mis amigos, que entonces estaban perdidos por ahí. La verdad es que no sé qué me encaminaba hacia aquel lugar, me limité a seguir un instinto que me surgió esporádicamente, y ya bajo el destello de los primeros rayos de luz de las farolas llegué al sitio, desierto del que, como un oasis, surgía una fuente iluminada con potentes focos desde su interior, haciendo plateados hilos de lágrimas en el aire.

Me limité a sentarme en un banco, extrañamente impoluto, no sabía a qué, pero ahí estaba, esperando e intentando ahuyentar los demonios que con apariencia de frío me pinchaban todo el cuerpo acurrucándome en mi chaqueta. Fue entonces cuando una presencia irrumpió la soledad de aquel oasis, surgió, como de la nada por mi derecha, una joven con un largo abrigo de un azul intenso que desde las caricias que hacía a sus finos tobillos alcanzaba a cubrir su melena que, por los mechones que rozaban su rostro, era del negro más intenso y brillante que jamás haya visto. Se acercó a mí y sin interrumpir la ausencia de suspiros del ambiente se sentó a mi lado, y fue entonces cuando por la izquierda apareció un hombre cubierto por una capa negra cerrada en un broche, y de ojos negros como un tizón, lo único que permitían ver el pañuelo de su cuello y la sombra de su ancho sombrero, que respetaban el luto del resto de su vestimenta.

Al sentarse éste a mi otro lado me sentí como río que mantiene a dos amantes en orillas diferentes, y me levanté con la intención de irme de allí, pero tras escasos pasos una voz dulce y aguda me detuvo, "yo soy tu alma..." decía, yo me di la vuelta para encarar a quien me había dirigido aquellas palabras y continuó: "...soy la pureza que se encuentra en tu interior, tu maldad, tus amores y odios, y también soy quien recibe las heridas de tus desdichas, recibo el castigo de tu dolor y amargura, cuando te enamoras siento la esperanza de no dejar de sentir la brisa en mi rostro que me hace sonreir, pero en seguida ésta se convierte en un dolor punzante que casi no puedo soportar". Y casi irrumpiendo en la conversación prosiguió el hombre: "Yo soy tu razón, tu inteligencia, tu personalidad, y lamento todo el dolor que mis distracciones te han hecho pasar, sé que has venido buscando el sentido del sufrimiento, yo no puedo mostrártelo, puesto que no lo alcanzo a comprender, pero yo he acudido. Es cierto que algunos sentimientos te producen malestar, y aunque pocos has conocidoy pocos conocerás también los hay buenos, la única solución para librarte de tu angustia para siempre es acabar conmigo, terminar con tu atadura terrenal, pero ello implica el renunciar a esa brisa que tan buen estar te produce, a esa posibilidad de sentir las caricias más suaves por las que merece toda pena luchar y aguantar. Aún queda mucha vida y con ella nuevas experiencias, buenas o malas, merece la pena arriesgarse, no cierres una puerta que no podrás volver a abrir".

Aquel momento fue interrumpido por un eclipse de toda luz artificial, quedando al descubierto los pequeños agujeros del cielo por donde los ángeles miran desde el Paraíso, y cuando solo los rayos de la fuente habían resurgido ya no estaban tan extrañas presencias que me habían recordado una realidad olvidada por la gente. Ahí me quedé, sumido en mi "amargura", con la fuente, la lluvia, el viento, la soledad y su silencio.

Servidor de Nadie.

sábado, 2 de enero de 2010

Olvidar


Ninguna estrella me hace mirar, ninguna luna
oscura penumbra de este lugar tan extraño,
tinieblas que acabarán arrancando mi cordura,
esto consiguió tendiéndome una falsa mano
quien para mis heridas se ofreció como cura,
un guía que tras ayudar me deja abandonado,
ingeniosa manera de poder abrir hendiduras
en un pobre corazón nacido atormentado.
Reirán ahora los que dieron anterior sutura,
oscuro pasado, pasado que di por pasado,
opio y oración oprimida, oculta pero pura,
la mejor de las derrotas, a un solo asalto,
vióse sin remedio al tener el alma desnuda,
intacta, insufrible, inmutable; engañado.
Dame al menos una droga para la amargura,
acaba con el silencio, no quiero ser extraño,
recuerda, recuerda que nunca te podré olvidar.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Mi puto cigarro.

Un gato embarazado de vino me saludó esta mañana a las 7:15. Mis ojos no parecían transparentes, sin embargo no dejaban de sonar cogidos a una farola de la maceta de al lado, y el gato, embarazado de vino, me saludaba desde la otra orilla, dejando entrever una sonrisa mientras con la cola sujetaba un cigarro. Me limpié la miel de mis manos para ofrecerle fuego, pero entonces el gato se comió el mechero y escupió otro cigarro.

Dos cigarros y ningún mechero, un gato embarazado de vino y yo a las 7:20 haciendo tostadas en la orilla esperando a que la farola se encendiese para preguntarle por la calle de Carlos, pero Carlos ya no dormía en la calle. Vimos una lengua tuerta correr de un lado para otro, sin saber dónde había guardado sus bolsillos, y el gato le saludó para que nos diera fuego. La lengua tuerta nos dijo que su mechero estaba dentro de uno de los bolsillos que buscaba, y cuando encontró uno de ellos sacó otro cigarro.

Hacía frío, y el gato embarazado de vino, la lengua tuerta y yo a las 7:25 esperábamos a que las baldosas se torcieran, con tres cigarros sin encender y ningún mechero, y la orilla, cada vez más prometida, nos quiso invitar a comer dentro de una piedra que volaba verde por ahí, pero el menú no tenía mechero, buscamos y rebuscamos y de la carta solo sacamos otro cigarro, pero ningún mechero.

El gato embarazado de vino, la lengua tuerta, la piedra que volaba verde y yo nos sentamos a hablar con la orilla, con cuatro cigarros apagados y las muelas húmedas por la calvicie, pero sin mechero. Eran ya las 7:30 y la guitarra de una bombilla se sacó el sombrero de la botella y nos pidió que abriéramos un libro por la página 16. El libro lo tenía Carlos, pero no sabíamos dónde dormía, la farola al ver las manchas de nuestras sombras se reunió con nosotros, sacó un cigarro y lo encendió con su mechero. Le tiré la piedra que volaba verde, me mordí la lengua tuerta, pisé el rabo del gato embarazado de vino y me encendí mi puto cigarro.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Nunca caminarás sola

La lluvia caía de lado en la fría noche, y las farolas se reflejaban en las calles solitarias. Sus pasos iban arrastrando de adoquín en adoquín, una gabardina la salvaguardaba del temporal. Las que en otras ocasiones eran hermosas ondulaciones de su cabello, ahora acariciaban una fina cara empapada por las lágrimas, el sudor y la lluvia.

Le costaba dar cada paso, las fuerzas de su cuerpo le habían abandonado y solo contaba con su corazón. Allí, en aquella ciudad extraña del norte, como hacía varios años, esta vez sin la compañía de la luna ni de su sombra. "Nunca caminarás sola", palabras que quedaron para el recuerdo, palabras que retumbaban en su mente, "nunca caminarás sola". Cayó y quedó arrodillada, con las piernas y las manos empapadas, las mismas que acariciaban su rostro, y allí tirada no pudo más que rendirse y romper a llorar.

Era demasiada la angustia, soltó los brazos y se dejó caer. Los recuerdos de aquellos maravillosos dias, los detalles tan bellos que le regalaba a cada momento, los amaneceres a su lado, las noches en vela... todo falso. Pero al fin sabía dónde encontrarlo para devolverle la rosa que tan falsamente le regaló por primera vez, quería sorprenderlo embaucando a alguna otra infeliz, quería escuchar sus forzadas excusas, quería abofetearlo, quería aborrecerlo.

Se levantó y siguió caminando con su pesada y empapada gabardina, y al fin llegó a la casa. Aguardó antes de llamar, imaginando que fue una mala idea presentarse, como si todavía sintiera algo, humillada y hundida. Se limpió el maquillaje de la cara con un pañuelo y cuando se disponía a marcharse la puerta se abrió. El corazón le dio un vuelco y no se atrevía a girarse y mirarle a los ojos. "te estaba esperando", en realidad era lo que esperaba oir, pero no con aquella voz, la voz de una anciana bien abrigada que desde el marco de la puerta la invitó a pasar.

Pudo cambiarse con alguna ropa de la hija la señora y calentarse al fuego con un cuenco de sopa, y la esperada pregunta al fin pudo salir de sus labios. Al preguntar por él la anciana rebuscó algo en un cajón y volvió con un sobre lacrado que puso en sus manos al retirarle el cuenco, le explicó que no debía abrirlo todavía, que no era el momento, y que él la estaba esperando en el jardín, que la llevaba esperando mucho tiempo.

Salió y la lluvia había amainado, anduvo unos cuantos pasos alumbrada por una enorme luna llena que se despejaba entre las nubes, y allí estaba él, esperándola como había dicho la anciana, esperándola bajo la luna y ella podía ver su sonrisa, sus ojos brillaban como cada vez que la miraba, estaba tan hermoso y elegante como siempre. Ella sacó de un bolsillo la carta y extrajo su contenido, una nota, en la que había escrito "nunca caminarás sola". Entonces ella se agachó y besó su nombre, con el rostro otra vez húmedo, cogió la rosa y tras empaparla con sus propias lágrimas juntó los labios y sopló sobre la marchita flor, y sabiendo que nunca caminó ni caminaría sola la depositó sobre su tumba.


jueves, 3 de diciembre de 2009

Una página en blanco

Todo lo que tengo ante mí es una página en blanco y una pluma, y en blanco quedará, pues hace falta algo más para escribir que un simple papel y tinta, algo que se fue con el viento, algo que se diluyó con mis lágrimas, algo que murió como una marchita flor cuando llega el frío.

Las batallas que quedan no son para mí, ya no tengo arma, ya no tengo fuerzas, y lo único que puedo hacer es insultar y escupir, pero no sirve de nada, nunca los insultos mataron a nadie ni nunca la saliva salvó una vida. Me quedaré lejos, en las praderas tumbado esperando a que una de esas batallas se concentre en mí, a que ambos bandos me pisoteen y me hieran, y poco a poco cerrar los ojos con el sabor de mi sangre, con el dolor diluido en una lágrima.

Mis palabras me abandonaron y he quedado mudo, no puedo gritar de dolor, no puedo pedir ayuda, solo me queda suspirar para que mi alma me abandone por el viento helado y arrancarme los ojos para no ver cómo se aleja, y el cuervo, siempre presente a mi lado, haciéndose dueño de cada uno de mis segundos, será el último en abandonarme, será el único que me espere al otro lado, será el que vuele junto a mi alma llevada por el viento.

Ciego, mudo y sin alma, y con una batalla constante machacándome me voy alejando, no me queda nada por escribir, solo puedo vomitar palabras sueltas que quedan en mi estómago manchadas de sangre, y poco a poco se marchitan, y con solo una tenue luz que quizás pueda salvarme de mi destino arderán y caerán en el olvido de aquellos que creyeron una vez que con solo una pluma y un papel se puede escribir.

Mi alma se fue con el viento, mi dolor se fue con el agua, mis palabras se marchitaron y por eso dejé una página en blanco.


lunes, 23 de noviembre de 2009

Soledad, hermoso y triste sueño.

De repente un estruendoso sonido lo despertó, el chocar de un cenicero lleno de colillas contra el suelo. Había estado ensimismado frente al ordenador durante horas y no se había dado cuenta. Una enorme soledad lo invadía y no le permitía pensar en nada. En aquel cuarto todo se le venía encima, las estanterías con libros, la televisión, su propia cama de repente eran cosas que no quería tener en cuenta en su vida, que le presionaban en el pecho sin razón alguna. Hizo un ademán de despejarse cuando cogió la chaqueta para salir a dar una vuelta en la noche abrumadora.

En la puerta de casa encendió un cigarro, y antes de comenzar un camino que no tenía destino dedicó un momento a dar un aire reflexivo a todo aquello. Su vida iba bien, tenía un buen trabajo que le daba dinero para vivir, tenía a sus amigos, con los que siempre podría quedar para tomar unas copas en algún bar bien ambientado, pero la madrugada del lunes era un mundo desierto y desconocido. Disfrutó unos instantes de la soledad de las calles regadas por el manto de la lluvia que toda la tarde había estado acariciando la ciudad, del olor a tierra mojada de un parque cercano y del silencio poco habitual de la urbe. Al fin sus pasos comenzaron a ser una realidad, sin importar si iba por la acera o por mitad de la calle dándole una nueva perspectiva a veces imposible de conseguir, según el momento.

Sus piernas le llevaban por lugares al azar, algunas veces llevados por rutina y otras por meros impulsos. Conforme pasaba lugares conocidos algunos recuerdos le venían a la cabeza, "aquí pasé una noche genial con mis amigos", "ahí tuve un golpe con el coche", "aquí había antes una tienda de ropa donde compré una chaqueta que me encantaba", "ahí la vi por primera vez...". Todo eran lejanos recuerdos, demasiado lejanos quizás, pensó, producto de una pasada preocupación en exceso por la vida, o por una despreocupación actual, no lo podía diferenciar.

Nada interrumpía en sus pensamientos mientras andaba, aquella era en aquel momento su verdadera soledad, mientras todo el mundo dormía, mientras nadie remotamente podía estar pensando en él, lo cual alimentaba su melancolía. Llegó a un punto, entre medias de dos caminos que se besaban en un bello puente que sobrepasaba un riachuelo, donde paró y se apoyó en la barandilla, dejando la mirada perdida en la corriente mientras tenía en su mente la mera posibilidad de saltar, seguramente una probabilidad bastante pobre que le causaba miedo, pero ese miedo en aquel momento era una emoción demasiado fuerte en su corazón, la primera emoción en mucho tiempo y que no quería dejar escapar, mientras contemplaba el curso del río.

Avivó aquella llama pasando al otro lado de la barandilla, sujetándose primero firmemente con los dos brazos y luego únicamente con una sola mano. Un mal volunto, un resbalón y no habría marcha atrás, le aterraba, pero no podía hacer más que dejarse llevar, y pensó en que tal vez sí tenía motivos para hacerlo, que quizás así dejaría un recuerdo en la gente que tanto le importaba, que le echarían de menos, que desearían fuertemente que estuviera con ellos.

Cerró los ojos, y con una sonrisa verdaderamente triste se dejó caer hacia adelante, lo único que tenía que hacer era soltar la mano. En aquel momento se sintió libre, estaba sujeto a la mezquindad del mundo por un lado y por otro estaba rozando las estrellas mientras una triste melodía sonaba en su cabeza. Respiró hondo, contempló el cielo derramando una lágrima y se encontró con una tímida luna que escapaba de entre las nubes, quedando asombrado por su belleza, por el resplandor que arrojaba crudas sombras sobre sus perseguidoras las nubes mientras algunas atrevidas estrellas brillaban en su cercanía. El sonido del riachuelo golpeando suavemente las rocas, el olor a humedad, la soledad de aquella bella escena... Volvió al otro lado de la barandilla sabiendo que a la noche siguiente seguiría allí, desanduvo sus pasos hasta su habitación, se acostó y dejó aquella noche como un hermoso y triste sueño.

miércoles, 14 de octubre de 2009

La noche estrellada

La noche estrellada que funde tus restos entre mis sábanas es la misma testigo aquí que allí, la locura que proceso es algo más que una reacción química que se sucede en mi cuerpo, porque mi alma, la cual no había sentido hasta ahora, existe, y se encuentra en cada segundo en tus manos, y tú eres la testigo a la vez que dueña de los actos que en ella se sucedan, por eso es tuyo el poder de hacerme reir o llorar, por eso es tuya mi voluntad y mía la tristeza de la distancia que nos separa.

La noche estrellada es un mundo en el que nada busco, y sin embargo todo lo encuentro, raro es el camino que el labrador deja intacto, lleno de piedras y hierbajos, sin embargo debe ser así, porque los campos de cultivo él los controla, no se mueven, pueden ser planeados, pueden dar los resultados esperados, pero el camino te lleva a otro camino, y éste a su vez a otro, y así como los ríos llevan al mar, el camino que me haces vivir, lejos de los planes de esta vida, me conduce por un mundo nuevo e inexplorado, más allá de mis límites, para acabar algún dia en el inmenso mar que es la felicidad.

La noche estrellada es la misma, y tú y yo soñamos bajo las mismas constelaciones, y en nuestros sueños estamos juntos, y la distancia se convierte en un chiste mal contado a la luna, porque no entiende cómo dos personas tan alejadas pueden dormir abrazadas cada noche, y tú ríes, y yo lloro, en nuestros corazones, y tú sin embargo estás cubierta de tristeza mientras yo me rodeo de alegría.

Eres como la noche estrellada, siempre estás ahí, siempre sueño contigo, y aunque no siempre te pueda ver siempre te puedo sentir.

martes, 29 de septiembre de 2009

Devil Blues

Era la una menos cuarto de la madrugada, o al menos eso indicaba el viejo reloj de mano. Las calles de Saint Louis de camino al club mostraban toda su belleza con todas aquellas luces que se reflejaban en las aceras bañadas por la lluvia. Yo me refugiaba con una gabardina larga y mi sombrero Fedora mientras buscaba algún bar abierto donde dejar pasar el temporal. Finalmente entré en una cafetería donde una señora protuberante me sirvió un poco de amargo licor, y con el estuche "a hombros" miraba a través de la cristalera mientras bebía y me fumaba uno de tantos cigarros.

Hubiera dado toda una vida, y mil vidas, pero ahora ya no era posible. Ahora era yo quien se alejaba, pensando que ya había cumplido mi promesa, por última vez. En otras circunstancias hubiera tenido la fuerza de poder estar ahí, y sufrir y llorar por mostrar el camino, y por mostrar quién era en realidad, pero se me había mostrado algo que no existe, un recuerdo muerto, porque no era real. Quizás por alcohol, quizás por drogas, pero sentía que ya no le importaba lo suficientemente a nadie como para tener que seguir en aquel hilo, y aunque nunca había pensado que la distancia, el aislamiento o simplemente un cambio de aires arreglara nada quizás ésa fuera la señal de que se había acabado el intentar ser feliz, porque estaba harto de ser un niño perdido que llora en medio de una multitud impasible, estaba harto de que nada me saliera bien, de preocuparme por las cosas más triviales, de poner el alma en cada persona que conocí. Mi vida era un cúmulo de sueños rotos o incumplidos y estaba cansado, por eso llegó el dia en que mi teléfono no funcionaba, no estaba en mi casa ni se me encontraría en el bar de siempre, ni nadie se molestaría en buscarme.

Terminada la consumición y amainada la lluvia retomé mi camino guitarra en mano y al fin llegué, un poco más tarde de la cuenta, a Westport Plaza, donde se alzaba el Backstreet. Un saludo con el sombrero al portero y el camino se abrió ante mí al interior. Había poca gente, como de costumbre, aunque eso no me importaba demasiado, quería esconderme como un niño agazapado en un rincón de su cuarto, pero allá donde iba el dolor me perseguía, intentaba escapar de un mundo cruel y no podía, no quería sufrir más, no quería llorar de impotencia y la desesperación me agarraba fuertemente el brazo. Quería que todo fuera un sueño y despertar pronto, porque la agonía me consumía.

Fui hasta mi reservado, ya que el lugar no tenía camerinos, con la compañía de un Four Roses doble, un par de tiros y de nuevo cigarro en boca. Somos marionetas, solo eso, pero, ¿quién maneja nuestros hilos? Nadie, somos nosotros mismos quienes nos atamos las cuerdas de la vida y nos dejamos llevar por ellas, al vaivén del viento nos movemos al unísono, y lo llamamos esperanza, lo llamamos destino, incluso a veces nos atrevemos a llamarlo amor, pero nada de eso existe, la vida, cruel escenario de una función extraída de las escenas de Blake en el que nos movemos, actuamos, sonreímos y lloramos sin apenas sentir o padecer.

Aquella noche actuaba acompañando a una joven promesa que aún sentía ilusión por triunfar en la vida gracias a su voz. Su nombre era Grace, nunca antes la había visto ni oido, pero yo sabía en qué acordes debía moverme, los tempos y cambios de ritmo, el resto saldría de unas letras escritas por ella misma y del espíritu maldito y embrujado de la improvisación. Todo aquello me importaba muy poco, yo sólamente quería cobrar unos cuantos dólares e irme pronto de allí a quemar el resto de la mecha que me quedaba aquella noche, porque nunca nos atrevemos a ser nosotros mismos, a luchar desde la oscuridad, a salir a flote en los momentos de decadencia. El gerente se acercó a interrumpir mi ritual para subir al escenario.

Colgué mi sombrero en una percha, junto a mi gabardina, saqué la vieja guitarra de su ataúd y me senté en una silla tras Grace en el escenario. Canciones, himnos, palabras que nos llenan de sentimientos y que creemos que nos hacen ser libres, pero solo nos condicionan a querer vivir un sueño que tal vez no tenemos. Aquella joven sureña cantaba con una pasión que me era familiar, pero pronto vendería su alma al por una copa más, siempre ocurre, o al menos así deseé un dia que me ocurriera, un dia en que cada vez buscaba cosas más especiales y moriría esperando algo que no existe, con el anhelo, la esperanza de que la vida fuera como un mundo de ensueño. No, ya no podía aspirar a ser más que una simple marioneta, mentira sobre mentira.

En mitad de una canción sentí de repente un pinchazo en el corazón, ¿tal vez un infarto? Si tenía que morir qué más me daba dónde y cuándo fuera, pero no era el caso, era el Diablo reclamando lo que era suyo, llegó el momento de despegarme definitivamente de mi maltrecha alma, allí y entonces, pero un atisbo de humanidad me hizo, no retenerla, sino despedirla de la única manera que conocía, mostrándole al Diablo el dolor que mi alma albergaba a través de una trillada Telecaster, de unos acordes que quedarían malditos de una canción que no debía volver a ser escuchada. Fue un momento de felicidad, después de tanto tiempo, en el que sonreí por deshacerme al fin de tanto dolor, de tanta melancolía y tanta tristeza.

Desde aquella noche busco en su mirada y no encuentro nada, solo expresiones vacías sin sentimiento. Busco el calor de sus abrazos y me parecen fríos, como gélido su aliento, pálida muerte a la que amo y juega conmigo.


miércoles, 29 de abril de 2009

Antes de dormir

El sonido de las gotas al caer en el lago era la música, con el coro de los grillos, el escenario la noche cerrada apenas visible por los árboles de eucalipto, mi ropa, húmeda por el contacto con la hierba mojada, y el olor tan peculiar de la tierra fértil. Mientras miraba al lago en soledad pensaba en mil cosas, en la vida, en el futuro y en el pasado.

En ella... ¿qué estaría haciendo? Seguramente descansaría plácidamente sobre su cama, como tantas veces que la he visto dormir. Pensaba en lo que me gustaba sentirla respirar en mi oido, el aroma tan peculiar que me dejaba su piel, la belleza de sus labios entreabiertos, la caída de sus rizos sobre su rostro, o el tacto de su cuerpo desnudo. ¿Estaría pensando en mí? Me gustaba pensar que entre ella y yo siempre había una conexión, por eso cuando me sentía mal sin motivos creía que era porque ella estaba triste, y deseaba ir corriendo a su lado para protegerla y que nada malo le pasara. Me gustaba pensar que ella pensaba en mí como yo lo hacía en ella, que pese a la distancia y al tiempo deseaba romper todas aquellas barreras que nos mantenían alejados.

Todos dormían en la zona de acampada, el dia había sido largo, sin embargo yo no conseguía conciliar sueño alguno. Pensaba en él, en el tiempo que pasamos juntos, en las risas compartidas, en los momentos difíciles. Echaba de menos su compañía, y estaba frustrado y me sentía culpable, hay pocas cosas que pueden separar a dos amigos, y la nuestra fue la peor, la única que no se puede arreglar, pero me gustaba pensar que dondequiera que estuviese estaba escuchando mis pensamientos, que él, sabiendo lo que me gusta la noche y lo que me gusta la lluvia, me había dibujado aquel pacífico escenario. Nunca le dije lo mucho que lo apreciaba, hubiera deseado pasar más tiempo con él, y entonces me parecía ridícula la excusa de no tener tiempo y me dolía el no tener ganas. Recordaba nuestro último momento juntos, en ese momento cubierto de dolor, deseaba creer en algo que me permitiera seguir en contacto con él, aunque no fuera cierto.

Las ranas cantaban a la lluvia, el estruendo de truenos armonizaba la melodía, y los recuerdos nuevamente me llevaron a otro lugar, a mi infancia, cuando en casa de mis abuelos jugábamos a llenar vasos con el agua que se escurría por las tejas en el patio. El pensamiento de cuando nos entristecíamos por no poder jugar a la pelota ahora me hacía sonreir, sonreir por haber sido alguna vez un niño feliz que tenía todo lo que entonces deseaba. Salíamos a la calle, nos poníamos chorreando, nuestros padres nos regañaban, pero la lluvia era un juego más, y nos encantaba abrir las bocas para que las gotas entraran, nos tirábamos al barro, corríamos, reíamos, y cuando estábamos exhaustos allí estaba nuestro abuelo en la chimenea asando castañas para nosotros.

No podía dormir, y mi mente me llevó a imaginar esta vez con las historias que un dia soñé. Cerré los ojos y me vi sobrevolando campos enteros, planeando entre montañas como un águila que se alza libre, volando como un vampiro entre las calles de una ciudad victoriana, como dueño legítimo de la noche, buscando aventuras. Me imaginé flotando en el aire, renaciendo del fuego cual ave mitológica, soñé que tenía alas, que podía subir por encima de la tormenta y descansar sobre las nubes para contemplar las estrellas, y al recuperarme seguir subiendo, rodear el mundo y contemplar el amanecer dondequiera que estuviera.

Eran solo sueños y recuerdos, pero nada de aquello era real en aquel momento, no pude más que resignarme a lo que era y apartarme de la lluvia, esconderme de la noche y seguir en este mundo.



Buenas noches

miércoles, 15 de abril de 2009

Una noche de magia

Esta es la historia de una noche de magia que algún dia sucederá. Tú estarás tan bella como siempre, con un vestido azul marino dejado caer elegantemente sobre tu piel, cenando sola en un entrañable restaurante de la costa, y yo, con un traje negro azabache, caminaré ensimismado por un paseo marítimo, acompañado por el rugido de las olas.

Al salir la brisa hará que la arena te ciegue y sacarás un pañuelo, el destino querrá que éste se escape de tus manos y vuele al compás de la música de un acordeón. Dándolo por perdido te descalzarás para andar por la playa sintiendo la fría espuma en tus pies. Yo, en ese momento sacaré de mi bolsillo unas monedas para un músico de la calle y encenderé un cigarro para continuar caminando sin rumbo con el mar de fondo.

Tú te sentarás en la arena, donde tu vestido se humedecerá, y permanecerás impasible con la mirada perdida en el horizonte invisible, tarareando una canción que estará sonando en mi cabeza. Te tumbarás para contemplar las estrellas y suspirarás profundamente, para después cerrar los ojos y sentir la calidez de la noche fría. Yo me pararé frente a un puesto de flores, y sin saber por qué sentiré el impulso de comprar una rosa, responderé encantado a la sonrisa de la florista, y sintiendo el aroma floral continuaré mi marcha sin rumbo como un barco de papel que sirve de juguete a cualquier niño.

Al abrir los ojos sentirás el destello de un faro, mirarás hacia él y algo en tu interior te empujará a alcanzarlo, esquivando a varios pescadores nocturnos acampados en la playa. Yo llegaré al final del paseo marítimo, donde se alza un faro, me apoyaré en la barandilla que da al acantilado. Te protegerás del frío antes de llegar, te pondrás de nuevo los zapatos y caminarás hacia el borde del precipicio, donde descansarás la carga de tus piernas.

En ese preciso momento nuestras miradas se encontrarán por última vez, cuando los dos descubramos ante nuestras presencias una luna llena que se levantará enorme desde las entrañas del mar, tú sentirás el calor de mis labios rozando con los tuyos, yo aspiraré el aroma de tu piel y al unísono derramaremos una última lágrima que se llevará el viento a algún lugar donde puedan encontrarse, una desde Vigo, otra desde Cádiz. Yo dejaré caer la rosa al mar y tú olvidarás que un dia existí.


martes, 7 de abril de 2009

La última caricia

Cerró los ojos cuando la brisa sopló con arena de la playa, allí sentado con la mirada perdida en el infinito, con el alma perdida entre sentimientos. Una calada, sus manos acariciando la fina arena, escuchando solo el rumor de las olas y sus pensamientos perdidos en el infinito, y sus sentimientos perdidos en su mirada. Una manta sobre los hombros, un libro a su lado, con el baile armonioso de la vida, en la soledad, tocando con las manos el infinito, con el alma perdida.
Ella se acercó por detrás sin mediar palabra, se arrodilló tras él y lo abrazó fuertemente, a él se le escapó una sonrisa, a ella una lágrima, y mientras los primeros rayos del sol empezaban a delatarse en la oscuridad él le cogió una mano y se la besó, ella acarició su rostro, sacó del bolsillo una carta y marcó con ella una página del libro, y sin que llegaran a mirarse a los ojos una última vez ella se levantó y se fue. Él cerró los ojos, intentando atrapar aquel último momento en lo más profundo de su corazón, donde nada ni nadie pudiera llegar y arrebatárselo, olvidando por el contrario la línea naranja que dibujaba el Sol ante su rostro, dejando de sentir la arena entre sus manos, dejando de escuchar el rumor de las olas, dejando escapar el infinito y sin alma.
Si los sueños no fueran sueños merecería la pena luchar por ellos, si el amor no fuera amor no se nos escaparía, no hay una estrella fugaz que nos pueda conceder deseos y no dejamos de buscarla en el cielo, no dejamos de amar y no dejamos de soñar.

miércoles, 1 de abril de 2009

Angel encadenado

Cuando soy incapaz de sentir, cuando los olores a libertad no llegan a mis sentidos y ninguna emoción es capaz de despertarme apareces tú en mis sueños y me sumerges aún más en la penumbra. Soy el alma errante que arrastra sus cadenas, sus culpas, en la noche y tú eres el calor del dia negado por toda la eternidad. Puedo perseguirte, añorarte, desearte, aborrecerte y odiarte, pero lo único que quiero es tenerte y no puedo.
Cuando despierto solo veo caminos que no llevan a ninguna parte, frustración de no vivir mis sueños y la vida me pesa aún más, porque eres un espejismo, porque eres el humo que se escapa entre mis dedos y te pierdo en cada despertar, en cada instante. He suplicado a Dios, primero por tenerte, luego por no perderte, y por último por dejar de amarte, y sin embargo la gran Divinidad nada más me envía castigos.
Debes saber que aunque no me puedas ver ni me puedas sentir estaré siempre velando por tí, velando en tus sueños, velando en tus actos, velando en tus suspiros, velando en cada lágrima que derrames y en cada sonrisa que te arranquen, porque aunque no podamos estar juntos tú eres mi condena y te protegeré más allá de la vida y la muerte, porque no puedo ser más que un ángel encadenado.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Sigue cantando hermano...

Recuerdas los sueños de estrellas de rock con 15 años? soñábamos con cosas imposibles e irreales, soñábamos con convertirnos en grandes personas, en dejar nuestra huella en el mundo, en luchar y enfrentarnos a la vida con rabia. Dónde quedó todo eso? En qué momento cambiamos la rabia por el conformismo? Me resigno a pensar que todo eso murió, ahora somos dueños de nuestra vida, y sin embargo no la aprovechamos como desearíamos haberlo hecho hace tiempo.

Recorrer el mundo en moto como rebeldes, fotografiar las maravillas y las atrocidades, ayudar a quien lo necesite, convertirnos al budismo, tatuarnos algo guarro en el culo, conocer gente de todas las etnias y culturas, compartir momentos de inspiración con los amigos al calor de una hoguera en una playa desierta bajo un manto de estrellas.

Grandes frases que quizás no signifiquen nada pero que tomábamos como dogmas, vive cada dia como si fuera el último, yo seré quien muera cuando llegue mi hora así que déjame vivir mi vida como quiero vivirla... todas ellas enterradas en lo más profundo del subconsciente, y que sin embargo a veces afloran y nos hacen sentir vacíos, aunque no nos demos cuenta.

La madurez significa someterse, acomodarse y ver la vida pasar, lo siento pero eso no está hecho para mí, por eso sonrío cuando me llamas niñato, inmaduro o crío, porque eso significa que todavía me quedan cojones de hacer lo que me da la gana, me queda esperanza en mí, por eso te digo: "sigue cantando hermano, sigue sonando batería"

martes, 13 de enero de 2009

Despedida

Cierra los ojos mientras la brisa del mar cargada de salitre acaricia tu rostro, siente el chocar de las olas contra las rocas en tu corazón y mira al horizonte. Allá donde se dirige tu mirada muchos desaparecieron, lo llaman el fin del mundo, pero es el fin de las ilusiones, del poder y el querer, es el final de la vida, de la enfermedad, es el final al que no me seguirás, querido amigo, querido hermano, vuela libre hacia donde tu corazón te guíe y olvida que un dia existí, porque yo volaré más allá de donde se vislumbran los pesqueros, más allá de donde cualquier grito sea audible, pero donde cualquier susurro penetrará en mi alma.

Lucha contra toda corriente, no importa que te arrastre y te haga caer, levántate y lucha más fuerte, siente el coraje de la vida, llénate de ira y emplea toda tu fuerza en echar abajo cuantos muros te encuentres, porque tu vida es tuya y nadie morirá por tí cuando llegue tu hora.

Ahora que mi fin ha llegado solo me queda decirte adios, amigo.

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